El próximo 12 de agosto va a poder observarse un eclipse total de Sol desde varios puntos de España —suena Bonnie Tyler de fondo, ella ya no lo podrá ver—. Ese día, yo iré desde Pamplona hasta las Bardenas Reales en uno de los autobuses especiales que ha puesto en funcionamiento el Gobierno de Navarra —el Eklipsebus, auténticos Masters of Naming— para disfrutar del brevísimo espectáculo mientras le rezo al Universo para que las nubes no nos lo estropeen.

Las autoridades estatales y autonómicas llevan más de un año preparándose para este acontecimiento. Se han organizado decenas de actividades y puntos de observación con entrada, parking y explicaciones divulgativas —un Monegros Desert Festival para nerds— y solo en Navarra se desplegarán casi 1.200 efectivos para garantizar la seguridad durante la jornada. Esa semana, hasta los alojamientos más cutres situados dentro de la franja de totalidad cuestan más que las suites de lujo de La Perla, amén de estar todos reservados desde hace más de un año, y se prevé que nos visiten casi medio millón de turistas extranjeros para observar el fenómeno. Pero, ¿tiene sentido todo este revuelo para minuto y medio de oscuridad?

Para mí sí, obviamente, sobre todo por dos razones. La primera es que ser testigo de este tipo de eclipses es algo muy inusual. La última vez que se pudo disfrutar de un eclipse total de Sol en suelo ibérico fue hace más de 100 años, exactamente en 1912. Aunque los eclipses en los que la Luna se coloca entre el Sol y la Tierra suceden cada 18 meses aproximadamente, no es nada habitual que sean observables desde la misma zona del planeta, así que puedo considerarme afortunada.

Además, en 1912 la oscuridad duró apenas unos pocos segundos, mientras que el próximo 12 de agosto durará casi dos minutos en algunas zonas de Asturias y 90 segundos en el sur de Navarra. En segundo lugar, este evento forma parte de un Trío de Eclipses —los otros dos ocurrirán en 2027 y 2028, pero no serán visibles desde nuestra comunidad—, una secuencia extraordinaria que convierte a España en el epicentro astronómico mundial durante tres años seguidos. Si el turismo ya nos engullía sin fenómenos cósmicos de por medio, habrá que mentalizarse para esto.

El eclipse va a estar monitorizado en todo momento, ya que es una oportunidad de oro para estudiar todas esas cosillas que les gustan a los científicos. La sede oficial del seguimiento será el Observatorio de Yebes, en Guadalajara, desde donde se retransmitirá en directo para el mundo. Va a ser un poco como la final del Mundial, pero sin gritos, ni insultos, ni tantas borracheras. Hablando del Mundial, sería la leche que alguien sacara una camiseta oficial del eclipse, sin estrellas, eso sí, pero con un sol bien grande. Yo os doy ideas de negocio y ya me contaréis.

Pese a lo que digan los negacionistas de todo lo que se menea, no observéis el eclipse sin gafas homologadas, por favor, que nos conocemos. Ni la radiografía de tu fractura de cúbito, ni las gafas que usas para el mañaneo; compra gafas que cumplan la norma ISO 12312-2 y que no estén caducadas. No queremos que te quedes sin retina por hacer la gracia. Así que venga, a preparar tu Día E con ilusión y sensatez y a disfrutar de la grandeza de la ciencia, que es mucha, aunque no dé tantísimo dinero como el fútbol ni sea tan memeable como Cucurella.
Artículo publicado en El Lamonatorio para El Mono revista cultural (El Mono #151):

*Fuente de la foto de portada

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