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Especial ZOMBIES


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La figura del zombi tiene su origen en el comercio de personas procedentes de África y trasladadas al Caribe para servir como esclavas. Los zombis haitianos volvían a la vida mediante magia negra y se convertían en esclavos del hechicero en cuestión. En el siglo XX, ante los rumores centenarios de la existencia de este fenómeno, se realizaron diversos estudios antropológicos y etnobotánicos.

Imágenes de una ceremonia vudú en Haití (Fuente)

Wade Davis, que escribió un libro que inspiró a un tal Wes Craven, afirmaba que se podía convertir a alguien en zombi mediante dos tipos de drogas: con la primera, la tetrodotoxina (molécula extraída del pez globo), se inducía a la víctima a un estado similar a la muerte. Una vez dada por muerta, sería desenterrada y revivida por el hechicero mediante una sustancia psicoactiva que anulara su voluntad, por ejemplo, el estramonio (la famosa burundanga), presente en la planta del diablo o Datura stramonium. Por suerte o por desgracia, esta teoría ha sido refutada. En los 80, una parte importante de la comunidad científica tildó a Davis de poco riguroso con sus estudios. Al parecer, en Haití no tienen la costumbre de ir drogando y esclavizando personas como quien se sienta a la fresca. Algunas voces expertas han llegado a la conclusión de que los estados catatónicos observados en los rituales vudú tienen una relación directa con trastornos neurológicos como la esquizofrenia o la epilepsia.

Detalle de la flor de la planta del diablo o Datura stramonium (Fuente)

Tomando como referencia esta entidad “no muerta” maligna, pero a la vez miserable y esclava, el folklore popular, la literatura y el cine han creado un imaginario repleto de criaturas zombificadas que han hecho las delicias de personas como yo. Porque una es muy científica, sí, pero a una también le gustan Frankenstein, los vampiros (si son Gary Oldman hablando en rumano, mejor), Anne Rice, Poe o Lovecraft, REC, 28 días después, Guerra Mundial Z, las primeras temporadas de The Walking Dead, el videoclip de Thriller, o ir a ver la Zombie walk del Festival de Sitges.

Probablemente, el mejor videoclip de la historia

Y a una, sobre todas las cosas, le gusta Pedro Pascal. Bueno, el actor y la serie que ha protagonizado recientemente y que está basada en un videojuego al que no he jugado jamás. En The Last Of Us hay zombis, pero la transformación no se debe al vudú ni las sustancias psicotrópicas sino a la infección de un microorganismo. En relatos y películas anteriores este bicho solía ser un virus, pero en la serie protagonizada por el chileno es un hongo que llaman Cordyceps y que parasita el sistema nervioso del huésped controlando su voluntad. Este hongo sí existe, pero la rigurosidad científica de la serie termina ahí.

Hormiga parasitada por Cordyceps unilateralis (Fuente)

Por un lado, el aspecto del hongo que se reproduce dentro de los infectados y que sobresale principalmente por la cabeza, deformándola y convirtiendo a la personita en una suerte de Demogorgon, no se parece a Cordyceps, sino al moho del limo (Physarum polycephalum), que ni siquiera es un hongo. Physarum es mucilaginoso, se alimenta de esporas de otros microbios y tiene capacidad de aprender, y gracias a esta capacidad sabe por dónde debe crecer. Esto último casa bastante con lo que nos cuentan en la serie.

Pues Physarum es bastante cuqui (Fuente)

Por otro lado, Cordyceps sí infecta a algunos animales y los convierte en zombis. Es un parásito de insectos y se introduce en su sistema nervioso y los controla a voluntad, principalmente para que diseminen sus esporas. Pero, de momento, Cordyceps no infecta a personas, pues a temperaturas mayores de 32ºC no sobrevive y nuestro cuerpo está a una media de 37ºC. Esperemos que siga así la cosa, porque como ya sabemos por hechos recientes, los microorganismos mutan y de repente pasan de infectar perros mapache a infectar personas. Por si acaso, si llega el apocalipsis zombi por culpa de Cordyceps, me pido a Pedro Pascal como compañero de fatigas. Por lo que pueda pasar.

Artículo publicado en El Lamonatorio para El Mono revista cultural (El Mono #115).

*Fuente de la foto de portada: Andreas Kay.

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