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Especial TRAICIÓN


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A mediados del siglo pasado ya se había encontrado ADN en todos los seres vivos estudiados. Sabíamos que lo formaban 4 bases nitrogenadas y un esqueleto de fosfatos, pero poco más. Fue entonces cuando un grupo de profesionales se dispuso a desentrañar la estructura de esa molécula omnipresente. Una mezcla explosiva de egos y perspectivas enfrentadas acabo convirtiéndose en uno de los grandes hitos de la historia de la ciencia, y culminó, según el relato oficial, con una puñalada trapera a su protagonista femenina. Veamos qué ocurrió realmente.

Doble cadena de ADN con el esqueleto de nucleósido (azúcar) y fosfato (P) y las bases nitrogenadas complementarias. La adenina (A) va con la timina (T) y la guanina (G) con la citosina (C) (Fuente)

Rosalind Franklin era una cristalógrafa muy crack que en 1951 se unió al equipo de Maurice Wilkins, del prestigioso King’s College de Londres, para estudiar la estructura tridimensional del ADN con difracción de rayos X. Franklin y Wilkins chocaron desde el principio, así que su jefe, para evitar roces, decidió que se dividieran el trabajo y que cada cual trabajara con un tipo de muestra de ADN. Más adelante entra en escena James Watson, un tipo racista, machista y un pelín cuentista.

Nuestra protagonista en una foto de archivo (Fuente)

En su libro La doble hélice relata que en 1953 visitó el King’s College y tuvo acceso a una asombrosa imagen tomada por Franklin y su ayudante: la famosa Fotografía 51. Watson cuenta que él y Francis Crick emplearon la foto a espaldas de Franklin para corroborar su modelo de estructura del ADN. Dice que le birlaron la foto a Rosalind porque la pobre no sabía muy bien por dónde le daba el aire, y que gracias a ella llegó el momento ¡Eureka! que les hizo pasar a la historia.

La Fotografía 51, que desde que se comenzó a reivindicar la figura de Franklin está hasta en la sopa (Fuente)

Machismo, oportunismo, cientos de tote bags y camisetas reivindicando la denostada figura de Franklin… Pero por la razón equivocada. Porque la científica no se limitó a realizar la celebérrima fotografía, ni fue solo la víctima de un robo. Ella fue mucho más que eso, y sin sus aportaciones la historia habría sido muy distinta. Para empezar, lo que dice Watson no cuadra. ¿Una reputadísima cristalógrafa no fue capaz de interpretar sus propias imágenes, pero él y Crick, que de cristalografía andaban justicos, resolvieron el misterio en pocas semanas? No sé, Rick, parece falso.

Watson y Crick posando con su modelo de la doble hélice (Fuente)

Además, es imposible que él y Crick confirmaran su modelo con una sola foto, la ciencia no funciona así. Hoy sabemos que Watson y Crick necesitaron bastante más que una instantánea. Utilizaron muchos datos e imágenes de sus colegas, sobre todo de Franklin —y sin su permiso—. También se ha descubierto que ella había hecho cálculos muy precisos y reveladores sobre cómo encajarían las dos cadenas de ADN y dónde irían los grupos fosfato. La tía no hizo una foto y a otra cosa mariposa, sino que estaba muy cerca de descubrir lo que finalmente sus colegas mostraron al mundo.

Telegrama anunciando a Watson, Crick y Wilkins que se les había concedido el Nobel en 1962 (Fuente)

Rosalind Franklin falleció de cáncer de ovario cuatro años antes de que Watson, Crick y Wilkins recibieran el Premio Nobel de Medicina en 1962. Tenía 37 años. En la ceremonia no mencionaron su nombre. Su figura fue silenciada durante décadas, pero los artículos científicos que firmó antes de morir, junto con las notas y datos de sus numerosos experimentos, han acabado devolviéndole la dignidad robada. Me gustaría que no recordáramos a Rosalind Franklin solo por una fotografía, sino por ser una científica sobresaliente y una pieza clave en el descubrimiento de la estructura de la molécula de la vida.


Artículo publicado en El Lamonatorio para El Mono revista cultural (El Mono #145):

*Fuente de la imagen de portada.

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