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Especial ESCUALOS


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En junio del año pasado se cumplieron 50 años del estreno de Tiburón. Si no has visto la película o lo hiciste hace muchos años, píllate unas palomitas, apaga el móvil y déjate llevar. Créeme, te va a costar entender cómo se pudo rodar algo así en 1975. ¡Qué barbaridad!

Pero el gran tiburón blanco que retrata Steven Spielberg no tiene mucho que ver con el Carcharodon carcharias —vaya nombre científico, también te digo—que habita los océanos.

Póster de la película ‘Tiburón’ ilustrado por Roger Kastel (Fuente)

A pesar de ser carnívoro y depredador, este escualo no es un psicópata devorador de personas como nos ha hecho creer el cine. Si un tiburón blanco se cruza con humanos en el mar es probable que se eche un pedo pintor gigante y huya despavorido. Al menos esto es lo que he leído que contó Cousteau sobre un encuentro que tuvo con este animal.

El C. carcharias pertenece a la clase de los condrictios o peces cartilaginosos. Su longitud media es de unos cuatro metros, pero algunos ejemplares superan los seis. Al ser un pez pone huevos, pero en su caso se desarrollan en el interior del vientre de la hembra.

Un ejemplar de C. carcharias fotografiado en aguas de Baja California, México (Fuente)

Su dieta es variada y esto es debido a que su distribución es muy amplia: podemos encontrarlo en todos los océanos de la Tierra menos en el Ártico y el Antártico. Que pase frío tu tía, pensará. El tiburón blanco se alimenta de focas, lobos y leones marinos, delfines, marsopas, cachalotes, atunes o tortugas marinas.

Vale, da bastante miedo, pero solo está alimentándose. Tendrá que comer el animal, digo yo (Fuente)

El Homo sapiens no es ni por asomo su presa natural. Si bien es cierto que puede atacar a personas —como cualquier otro animal salvaje—, hay muy pocas probabilidades de que esto ocurra. De hecho, el número de personas que mueren al año por ataques de perros es mayor que la suma de las personas que han sido agredidas por tiburones blancos en los últimos 100 años. Otro dato ilustrativo: en los últimos 200 años, solo se han registrado 31 ataques de tiburones en el Mediterráneo, y la mayoría no han acabado con la vida de la víctima.

Al parecer esta ballena tiene marcas de mordedura de tiburón blanco. Se puso las botas el tío. (Fuente)

En definitiva, este escualo está lejos de ser la temible bestia que protagoniza Tiburón. De hecho, es una víctima más de nuestra especie y, oh, sorpresa, se encuentra en peligro de extinción, como otras 200 especies de tiburones. El ser humano mataanualmente a unos100 millones de tiburones por caza o por accidente. Esto, sumado al deterioro de los mares por la contaminación y el cambio climático, y la destrucción de los fondos marinos, acelera su tasa de mortalidad. Estos peces tan especiales llevan en la Tierra más de 450 millones de años, pero no sabemos si van a sobrevivir al Antropoceno. Y menuda faena, porque son imprescindibles para los ecosistemas marinos.

Imagen de microscopía electrónica de la piel de un tiburón limón (Fuente)

Más allá de su relevancia ecológica, del tiburón obtenemos escualeno, un compuesto utilizado en cosméticos, vacunas y biocombustibles. Además, la extraordinaria adaptación de su piel y su forma al medio acuático han inspirado materiales que disminuyen la fricción en aviones y embarcaciones e influido en el diseño de submarinos y trenes de alta velocidad. Le debemos mucho a los escualos, así que quizá va siendo hora de mirarlos menos como monstruos de película y más como compañeros de planeta. Nuestras vidas corren más peligro si desaparecen que si siguen surcando los mares.


Artículo publicado en El Lamonatorio para El Mono revista cultural (El Mono #144):

*Fuente de la imagen de portada.

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