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Especial YAMAGUCHI CONNECTION Vol.2


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Yamaguchi no es solo una canción de Amaia o un parque al que íbamos en nuestros años mozos con la cuadrilla a comer chuches y hablar de nuestras cosas. Yamaguchi es una ciudad japonesa que está hermanada con Pamplona situada a hora y media en tren de Hiroshima.

En el siglo XVI un tal Francisco Javier estuvo allí de visita y aprovechó para introducir el cristianismo en el país nipón. Pero además de ser la típica urbe de provincias japonesa, con su río flanqueado por almendros, sus templos cuquis y sus parques salpicados de estanques con carpas, Yamaguchi tiene una curiosa conexión con las estrellas. En 1941 vio nacer a unos de los mejores astrofotógrafos de las últimas décadas: Akira Fujii.

Iglesia de San Francisco Javier en Yamaguchi. No, el parque no, la ciudad japonesa. (Fuente)

Fujii, que pese a su apellido no tiene relación alguna con la multinacional japonesa de la fotografía, estudió arte y diseño en Tokio y era astrónomo amateur. Nada más graduarse comenzó a publicar libros sobre el cielo nocturno y los astros, entre ellos una colección de libros infantiles sobre astronomía que se hicieron muy populares en Japón. Sus publicaciones siempre contenían la ilustración de un simpático perrito blanco llamado Chiro (“Cosmos” en japonés”), que con el tiempo se convirtió en su sello, una especie de firma personal. La caricatura estaba inspirada en su compañero canino. Tras morir a sus doce primaveras, fue homenajeado con una estatua de bronce que os recomiendo que busquéis.

Imagen de la Constelación Draco tomada por nuestro amigo de Yamaguchi (Fuente)

Nuestro ilustre yamaguchiense inspiró a generaciones de jóvenes con interés en la astronomía y promovió la disciplina en el país durante toda su vida. Montó su propio observatorio en Shirakawa, en el mismo lugar en el que el astrónomo estadounidense David P. Todd había observado el eclipse solar de 1887. Akira Fujii fue un pionero de la fotografía astronómica. Sus imágenes a color de larga exposición del cielo nocturno se han publicado en las revistas más prestigiosas y superan en calidad a muchas fotografías tomadas hoy día con medios digitales. Quienes controlan de esto subrayan que el estilo de Fujii es único y que sabía captar como nadie el color de las estrellas. Digo sabía porque Akira Fujii falleció el 28 de diciembre del año pasado. Tenía 81 años.

Rompiendo con esa fea costumbre que tiene la humanidad de no valorar el trabajo de una persona hasta que se muere, sus contribuciones a la ciencia fueron honradas en vida. La International Astronomical Union bautizó en 1993 a un asteroide con su nombre: el 3872 Akirafujii. Tiene que ser una pasada que le pongan tu nombre a un cuerpo celeste.

He estado pensando y no deja de ser curioso que se erigiera un centro para la divulgación de la ciencia de las estrellas en un parque pamplonés llamado igual que la ciudad natal de Fujii. El Planetario de Pamplona se inauguró el 26 de noviembre de 1993, casualmente el mismo año que nombraron a su asteroide. Este mes el centro cumple 30 años. Hace unas semanas el jurado de los Premios Prisma, algo así como los Óscar de la divulgación nacional, anunciaba que le otorgaban el “Prisma Especial del Jurado” 2023 por “su gran implantación social, el extraordinario impacto público de sus iniciativas y el nivel de excelencia mantenido por su equipo a lo largo de una extensa trayectoria”.

He aquí el Pamplonetario en el parque de Yamaguchi (Fuente)

Un galardón merecidísimo que reconoce por fin el trabajo de uno de los templos de la divulgación científica pamplonesa. Un templo emplazado en un parque japonés en el que hemos comido pipas, recibido nuestro primer beso y aprendido los nombres de las estrellas.

Artículo publicado en El Lamonatorio para El Mono revista cultural (El Mono #119).

*Fuente de la foto de portada

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